YA NADIE BAILA LENTOS

Ya nadie baila lentos; esa es una realidad tan monumental como monstruosa.

No se bien en que momento se dejaron de bailar lentos, lo que si recuerdo de mi adolescencia y juventud es que en cualquier fiesta sea del colegio, de la universidad (al menos en los primeros ciclos) y en cualquier discoteca; uno de los momentos mas esperados, y al mismo tiempo temidos, era cuando el DJ ponía el set de lentos.

Ese era el momento de la verdad, del valor; el momento que separaba a los ganadores de los perdedores, a los proyectos de don Juan de lo otros, ese grupo de adolescentes que se/nos convertirían en el coro de pajeros que celebraban y se estimulaban imaginando las historias que esos ganadores contaban a granel. Claros, muchas de esas historias no eran otra cosa que la imaginación frondosa de adolescentes repletos de hormonas, pero para los efectos daba lo mismo.

Ese momento resultaba épico y casi decisivo en nuestra vida, era el momento de absoluta claridad en el que sabias si le gustabas a una chica o no, solamente con la respuesta positiva o negativa a la invitación para salir a bailar. Pero ese momento de verdad no terminaba ahí; el sentimiento de triunfo o de fracaso era inmediato y publico, no había wassaps, mensajes o dms que escondieran ninguna de las dos alternativas; uno estaba expuesto en frente de todos y cada uno de los curiosos presentes. El éxito era compartido como si fuera un triunfo grupal y el fracaso era mas bien solitario y motivo de burla inmediata.

Carajo que se necesitaba valor para acercarse a la chica que te gustaba e invitarla a bailar sabiendo que podías salir maltrecho. Siempre me molestó que las chicas nunca tomaran la iniciativa, pero eso es otro tema.

Todos fuimos don Juanes, todos fuimos fracasados. La mayor parte de las veces éramos parte del coro, agrupados a un lado del local intentado tomar el valor para acercarnos, intentando definir si los teníamos bien puestos, dándonos valor entre todos para dar ese salto de fe, tratando de medir las consecuencias, sumando y restando posibilidades. Agarrando viada.

Aun resuenan de manera clara para mi los sentimientos felices de lograr el baile deseado. Aun recuerdo con una sonrisa triunfadora algunos de esos primeros bailes. Hace mucho me dejaron de doler los rechazos, todo era parte de un juego que estábamos aprendiendo y que hoy me sacan una sonrisa. Ahora, mucho mas viejo, se que debí sacar a bailar lento a mas chicas, se que, como en otras cosas de mi vida, debí tomar mas riesgos, lanzarme sin mirar esperando con fe que abajo hubiera agua; pero no hay vuelta atrás, los bailes que no fueron bailados no regresarán nunca mas.

Ya nadie baila lentos y es una pena, algo de la magia se perdió con eso.

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