EL RECUERDO QUE SE PIERDE 1

Y se despertó, como despertaba cada día, temiendo que al final su frágil recuerdo se convirtiera en olvido. Esa angustia mañanera que llegaba como un insoportable chirrido que le quitaba el velo y la magia a las horas que agobiantes iban llegando, una tras otra.

¿Cómo hacer para permanecer, para no desaparecer, como dejar la impronta? ¿Cómo ser alguien? se preguntaba desde la esquina en donde resguardecia su vida anodina. Repasaba cada momento y nada importante había hecho, nada por lo que mereciera ser recordado, nada que pudiera servir de excusa para, aunque sea, un aplauso tibio. La marca de su vida era la medianía, el escondrijo público, la sombra rápida que solo se miraba con el rabillo del ojo. Que vida para gris. Gris como la ciudad donde vivía.

Con el mismo esfuerzo que cada día hacía salió de la cama, lento y apestoso; la barba sin afeitar, los ojos rojos, el aliento carroñero; ni siquiera una erección que pudiera alegrar su mañana. Siempre pensó que todo esto era consecuencia del mal sueño, de las noches de insomnio cargadas de miedos. Siempre pensó que él era producto de un mal sueño. Se mantuvo sentado en la cama reuniendo las fuerzas para poder caminar hasta el baño y comenzar con la rutina de limpieza que lo pusiera, al menos, en la categoría de un humano promedio.

Como cada mañana se dio el tiempo para pensar en el sentido de todo ese esfuerzo, cual era su valía, el porque de ese consumo de energía sin sentido, la razón de la obligación auto impuesta de esa rutina demoledora. ¿Cuál era el sentido de todo? Como cada mañana no encontró ninguna respuesta que lo llenara o que si quiera empezara a responder al menos una fracción de sus dudas. Apelaría a lo de siempre para levantarse, a las obligaciones contraídas, a las facturas por pagar; se apoyó en esa rutina que tanto odiaba pero que hacia que las cosas siguieran su curso, con ese sentido de seguridad tan frágil que envolvía todo.

Miró el otro lado de la cama y lo encontró como siempre, vacío.

No era pena ni tristeza lo que lo llenaba cuando miraba hacia el otro lado, era una mezcla de muchos sentimientos, casi todos calmos; se había acostumbrado tanto a su soledad, a esos despertares fríos que no había dolor que lo invadiera. No recordaba si había amado, solamente podía recordar que algunas personas habían sido de su agrado, hombres y mujeres por igual. Le hubiera sido indiferente amar a cualquiera, entregarse por completo; solo hubiese bastado que alguien se percatase que él estaba ahí, vivo, presente y deseoso. Pero no. El era un hombre solo. Una sombra vaga, un vació, un espacio en silencio, una historia en borrador, un nada.

¿En que momento se convirtió en esto que era? Pensaba y paralelamente revisaba, una vez mas, cada capítulo de su vida intentando detectar el momento del quiebre o al menos algo que le diera una pista. Ejercicio fútil, lo sabia de antemano pero era parte de la rutina mañanera, gastar energía preciosa en descubrir aquello que ya no importaba; de que le serviría encontrar el momento de su transmutación si no había manera de retroceder para hacer algo diferente, claro, en caso que quisiera hacer algo diferente. Cual sería el objetivo? El no creía en ese sonsonete de algunos psicólogos que señalan que uno tiene que resolverse por completo; hay cosas que no hay manera de enfrentarlas, hay cosas cuya resolución no merece la cantidad de energía para encontrarlas, hay cosas que siempre estarán porque lo pasado ya está escrito, hay cosas que son demasiado pesadas como para querer verlas de nuevo; con cada una de esas cosas son con las que se debe hacer las paces, tranzar, para poder seguir; no hay mas.

Los minutos caían uno a uno, pero no importaba, en el fondo nada importaba, esta necedad humana de darle importancia a cosas que en el fondo solamente nos daban una sensación de falsa seguridad, trabajo, familia, dinero, compras, viajes, éxito; cada una de esas cosas no era mas que una manera de darle una cobertura de magnificencia a lo que realmente somos, animales comunitarios, seres básicos que han hecho lo posible por hacer complejo aquello que venimos haciendo hace miles de años, dormir, comer, tener sexo, cagar, juntarnos en manada, reproducirnos; nada ha cambiado en el fondo, es lo mismo pero disfrazado. No queremos ver lo que somos, preferimos fijarnos en el disfraz, en la cubierta para no tener que enfrentarnos con la pequeñez que en el fondo somos. Cuanto miedo nos da vernos al espejo, pensó.

Maldito día, maldita vida que corre sin dirección cierta, malditas las ganas de tener ganas.

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Una respuesta to “EL RECUERDO QUE SE PIERDE 1”

  1. Lucky Luciano Says:

    Continuará…???

    Besos!

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