¿RECUERDAS EL PRINCIPIO?

No recuerdo la última vez que hicimos el amor, pero si recuerdo que hacia un tiempo que la palabra amor nos sobraba, te sobraba. No recuerdo mucho del final, solamente me quedan el dolor en el pecho y la cerrazón de la garganta. Recuerdo tu despedida, a medias, recuerdo el sabor de mis lágrimas y eso es casi todo. Lo que vino luego fue el desplome de quien era; la espiral de confusión y dolor en las que me escondí junto con las largas resacas post juerga.

Lo que si recuerdo fue el comienzo, como nos conocimos, como nos adoptamos, las ganas infinitas de estar juntos, los nervios, las escapadas, las miradas, las risas, los amigos, la primera vez que hablamos de hacer el amor, la primera vez que lo hicimos. Quizás mi mente decidió quedarse con lo mejor, quizás yo decidí borrar las partes que aun me causan dolor.

Recuerdo esa conversación en el carro, de regreso a tu casa, cuando recién empezábamos a salir y me preguntaste si te haría el amor en ese momento y te contesté que no, que no tenia prisa por hacerlo, que podía esperar.

Como muchas cosas que dijimos, o quizás que te dije, parte era verdad parte era mentira; de lo que estoy seguro que mi amor por ti no necesitaba sellarse con ese acto de intimidad, estaba tan turbado por quien eras, por esa suerte de que me hayas escogido, era tanto lo que dentro de mi explotaba que podría haberme pasado la vida sin tocarte pero con la seguridad de que estabas a mi lado; quizás el otro lado era que moría de miedo, un miedo como nunca antes sentí, el miedo a ser inadecuado, a que te dieras cuenta y no ser lo que querías, de no ser lo que buscabas en esa desesperada ansiedad tuya por ser querida.

Se que me amaste por esa respuesta, se que eso te convenció para quedarte, al menos un tiempo, conmigo.

Nunca logré entender que paso antes de que yo llegara, que te dejo tan maltrecha y herida; no me lo quisiste decir. Aun hoy me pregunto si yo contribuí a tu angustia, si fui un peldaño mas para ese estado de enajenación a la que a veces entrabas. Te juro que quise ser bueno para ti, te juro que quería quedarme contigo toda la vida. Te juro que eras y que te amé con toda la inocencia de la cual era capaz.

He querido estar enojado contigo, tanto como lo estuve conmigo, pero no puedo, entiendo que todo lo hiciste para salvar lo poco que de ti quedaba. Ahora se que antes de que llegaras ya eras un naufragio y que estabas buscando un puerto donde encontrar un poco de paz. Se que tu búsqueda aun continua; nos hemos visto de casualidad y percibí que algunos de tus fantasmas finalmente han muerto pero que otros siguen ahí, fuertes; no me cuesta descubrir tu mirada triste detrás de la sonrisa perfecta; adivino que aun no tienes la tranquilidad que tanto añoras. Como quisiera ser, pero ya pasó mucho tiempo y somos otros.

En el fondo uno dice querer hablar del inicio pero finalmente habla del final, que es lo que realmente importa, que es lo que realmente duele.

Me desconecto.

Adeu…

 

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