CAFE DEL MAL O DEL COMERCIO DE LA FELICIDAD

No fue un viernes común, o quizás si, desde algún otro punto de vista. Por esos avatares de la vida terminé cediendo para ir a Café del Mar, si, esa discoteca icónica ubicada en los antiguos arenales del boulevard del balneario de Asia; si arenal, que ahora se sienta parte de un “mall” es una novedad, la verdad es que el famoso boulevard no era mas que una serie de estructuras levantadas sobre arena en un terreno baldío.  En fin, regresando al relato; llegamos temprano, claro un concepto como temprano siempre es relativo; y aún no había mucha gente, nos sorprendimos un poco pero por otro lado pensamos que mejor así para poder estar cómodos, sobre todo considerando los comentarios respecto a la cantidad de gente que hacen que esta exclusiva discoteca parezca un vehículo de transporte público en hora punta (incluyendo sonidos y olores).

Estaba yo en medio de mi segundo vodkita cuando de la nada se inicio el primer episodio de este mundo paralelo en el que me/nos vimos sumergidos. Estaba mirando al puerta (mas bien la entrada por que el ingreso es una “L”) cuando entró una chica en cortísimo vestido de licra, con pliegues, de un color rojo sangre salvaje. Llegó autosuficiente y apretada(ísima), dando pasos largos y rectos de “catwalk” como quien participa en Peruvian Next Top Model, pasos que eran dados con unas piernas que serían la envidia de cualquier futbolista local, piernas que se desbordaban y ponían a prueba la resistencia del vestido, y antes de dar el último paso de entrada a la zona del bar hizo ese movimiento con la cabeza (ese que las mujeres hacen para sentirse ricas) en el cual el hiper lacio pelo (tintado en rubio) se bate en el aire de un lado al otro en sensacional revoleo (como comercial de Sedal)  y con el cual te hacen saber que ya llegaron y debes mirarla. La verdad, debo decir que solo podía ver las piernas y sorprenderme de que las leyes de la física permitieran que ese vestido no explotara (un aplauso también para el fabricante).

Estaba recuperándome de esta impresión, cuando la cosa siguió avanzando (o descendiendo, debería decir) y minutos después llego un grupo de chicas (iba a decir manada de lobas, pero ellas, luego de que avance la noche ellas no serian las merecedoras de este epíteto) que ingresaron con el fin de ser las mas divertidas, las mas felices, las mas escandalosas (tampoco lo lograron, la manada real les ganó); entraron en grupo, pegadas unas a otras, con esas risas escandalosas/contenidas que denotan falsa felicidad, los ojos mirando de costadito para ver si se notó su entrada (si chicas, se notó y no para bien) y vestidas con unos shorts que hacían parecer el cortísimo vestido rojo como uniforme de colegio de monjas.

Para hacer breve esta parte; la discoteca se fue llenando de chicas estratosféricamente felices, milimétricamente apretadas y de media nalga al aire; todas aspirantes a bailarinas de alguna banda de moda o, como mejor opción, a cazar una marido; a su paso iban impregnando el aire de una mezcla tóxica de perfumes almizcleros. La fauna circundante me hacia dudar de la “exclusividad” del local. Este tipo de puesta en escena la había visto antes pero en locales de giro diferente, no menos entretenidos, pero diferentes.

Luego de dar una vuelta por el local, salimos hacia la pista de baile, nos acomodamos entre la barra y un “box” privado, lo que nos dio el dudoso privilegio de observar lo que ahí pasaba con bastante libertad.

Lo primero a observar fue una manada de chicas uber felices, de esas que llevan impreso ese sello invisible que grita que ellas no estaban ahí por amor al sujeto que paga las cuentas; aunque en este caso hablamos de un grupo de sujetos, 2 extranjeros y otros 3 o 4 locales. Era una fiesta aparte, un desenfreno que solamente encontraba su límite en la falta de alcohol ; pero me queda claro que, a la velocidad en que lo consumían esa situación se iba a remediar pronto. El champagne, con cerecita dentro de la copa, fluía como si fuera gratis, las chicas lo disfrutaban mucho, sus risas, requiebres corporales y grititos fatuos lo dejaban muy claro.

Debo aplaudir la habilidad de estas chicas para mantener entretenidos a los pagantes (literalmente pagantes), para sostener el alto ritmo de la diversión y felicidad; el modo en que utilizan su cuerpo como una campaña de marketing permanente, como arma de conquista; cada quiebre engreído al ritmo de la música tiene un propósito y busca un efecto en la cabeza de sus estupidizados anfitriones; y cuando eso no es suficiente entonces el contacto físico es lo que se impone. Nunca mejor aplicada esa vieja sentencia que dice “boquita come, potito paga”. En cada bajón de energía en el interés hacia ellas, un breve baile tipo “perreo” en el cual rozaban sus “4 letras” contra la “no pensante” era todo lo que se necesitaba para que la sangre del pagante vuelva a circular con fuerza y sus ojos no se despeguen de las invitantes grupas, anticipando una noche de placer que lo mas probable es que sólo quede en promesa.

Este “modus operandi”, simple pero tremendamente efectivo, estaba regado por varios lugares de la discoteca, a la vista y paciencia de todos; no hay víctimas, todos juegan su papel, todo ese grupo sabe a lo que va, ellas y ellos; acá no hay aprovechamiento de la ingenuidad de nadie, es, no encuentro mejor manera de describirlo, una transacción comercial pura y dura (no tan pura pero dura de todas maneras); acá no hay derecho a queja o reclamo, no hay lágrimas (pero si drama), y si la noche es generosa, todos saldrán ganando, porque cada quien, al amanecer tendrá lo que fue a buscar; algunas un par de “selfies” en la disco donde demuestran que la pasaron chévere en el lugar de moda, para envidia de las amigas, y que con ello están en todas, y los otros una noche de placer sin compromiso, pero quizás no sin consecuencias.

Todos tienen derecho a divertirse, dicen, algun@s a partir del dinero del que gozan, otr@s a partir de las gracias que la genética y el gym les dieron. Cierro como el viejo programa de televisión la Serie Rosa, “… que la noche les sea propicia”

Me desconecto.

Adeu…

2 comentarios to “CAFE DEL MAL O DEL COMERCIO DE LA FELICIDAD”

  1. Daniela Muente (Mu) Says:

    Mi hermana me contó que lo documentaste tb en twitter. Deberías postear tus twitts!😀

  2. Luckitas Says:

    Muy buena crónica de algo que pasa en muchos lugares del mundo. Pero no lo circunscribas al mundo femenino. También se da en el mundo masculino, homosexual, donde los chicos más jóvenes giran sobre ciertos ‘maduritos’, donde el principio, el medio y el fin son los mismos…
    Besos!

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