EL PUEBLO DE LOS DESCALZOS

Hace mucho, mucho que no iba, la última vez fue antes de perder la juventud; la última vez fue contigo.

Lo encontré cambiado, no era el mismo de mis recuerdos, o quizás yo ya no soy el mismo, o quizás mis recuerdos no son otra cosa que una alegoría fantasiosa. Confieso que no regresé por el miedo a encontrarme con tu fantasma rondando entre el mar y la arena, justo ahí donde ambos perdimos y ganamos; no regresé para no sentir el olor de tu ausencia, ese olor a humedad y naftalina resultado del vacío de tantos años; no regresé para no tener que imaginar el calor de tu cuerpo en este pueblo de excesivo calor.

Pero regresé.

No encontré al pueblo que vivía en mi imaginación, ni tu fantasma, ni tu olor; solamente encontré tu ausencia. Pero a ella la encuentro siempre, es la ausencia mas amigable de todas, la que me acompaña infaltable. Caminé atento entre el filo del mar y la arena buscando las huellas pasadas que me delaten que alguna vez estuvimos; solamente encontré arena nueva bajo mar nuevo, sonidos nuevos, olores nuevos, visiones nuevas, no hallé ni rastro de lo que fui, ni rastro de lo que fuimos, nada que compruebe que alguna vez amé, que alguna vez te amé.

Caminé calzado en el pueblo de los descalzos, no pierdo la costumbre de dar la contra sin darla. Recorrí el pueblo a medias, no tenía mucho por ver, tampoco quería que mis recuerdos de mentira variaran demasiado ante los cambios producidos; prefiero quedarme con una mentira que me hace bien que tener una realidad que me deja indiferente. Y me mentí con convicción, me dije una tras otra; me ahogué en alcohol cada noche solamente para poder justificar mi llanto y decir que era de borracho, solamente para limpiar las heridas de mi alma que se abrieron como surcos no bien pise este pueblo que se esconde en el norte.

Y me fui como llegué, pero en sentido contrario; con mis recuerdos en los bolsillos como si fueran moneditas sueltas listas para ser dejadas sin remordimiento en cualquier mesa. Regresé un poco mas cansado, un poco mas viejo, un poco mas solo pero habiendo hecho las paces con ese miedo frío que me recorría la espina dorsal. Regresé sin el cansancio que llevaba pero con uno nuevo, menos doloroso y mas llevadero gracias a las largas noches arropadas por la conversación entre amigos. He de regresar, ya no le tengo miedo, creo que hasta te he perdido un poco el miedo a ti; he de regresar para terminar de enterrar lo poco que de mi queda.

Me desconecto.

Adeu…

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3 comentarios to “EL PUEBLO DE LOS DESCALZOS”

  1. Lemon Guy Says:

    Pues cerraste el circulo mi querido Pere, tenias q hacerlo no? enfrentar al mosntruo y darte cuenta que si se puede vivir con eso y eventualmente zafarse del asunto … q de eso no se muere querido! solo los recuerdos quedan, no es tan malo despues de todo.

  2. el perro Says:

    He imaginado tu relato, como si hubiera grabado tu caminata en un travelling interminable, tratando de captar tu ‘tempo’ y también el de las olas. Y la verdad, siento que me ha quedado bonito, pero no más que tus palabras.

    Un abrazo.

  3. Adri Says:

    Tu relato me trae a la mente a Borges: solo me queda el goce de estar triste.

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