Caminas y caminas por la ciudad, caminas como si se te fuera la vida con cada paso, caminas con el rostro cansado y con una escobilla en la mano, caminas por calles que son tuyas a fuerza de pasos y pasos, caminas entre gente que te es ajena, de gente que camina por las calles que te pertenecen. La panza te suena, otro día mas sin desayuno, piensas, y apuras el paso buscando encontrar zapatitos sucios que puedas dejar como espejo a punta de trapo/saliba/escobilla.
Eres pequeño, flaco y desgarbado, tu ropa es vieja, tal vez robada, tal vez reciclada, sería una tontería preguntar, de que nos podría servir la respuesta, acaso te podríamos hacer algún bien o nos quedaríamos en el sermón que soltamos quienes no pasamos ni hambre ni frió, con la condescendencia de los que vemos la calle desde dentro de un auto, con sencillito en el cenicero.
Avanzas cargando tu cajita de madera en los hombros, avanzas cargando tu hambre y tu ignorancia obligatoria, avanzas con tus sueños de niño estancados en el arenal en el que correteas libre, ese que te vio nacer y seguro te verá morir. ¿Cual será el siguiente paso, serás un cobrador de combi, quizás el chófer o si tienes suerte la vida te tire una oportunidad y seas policía o maestro?
Tus ojos están gastados de tanto mirar al suelo, tu sonrisa esta gastada de tanto escuchar un no, tu alma esta cansada de no encontrar el alivio y tu cuerpo esta cansado de recibir los golpes de quienes dicen que te aman.
Caminas valiente, pero no puedes esconder tu cansancio ni tu resignación, intentas una sonrisa y tus ojos pierden su velo por breve espacio, pero tu ya sabes como es, ni siquiera has tirado y ya sabes como es de pendeja esta puta vida que vivimos; y sabiendo esto, todo lo que quieres es encontrar muchos zapatitos sucios que limpiar.
Me desconecto.
Adeu…