Nada es como fue y nada será como es; porque todo cambia y hoy soy el dueño de mi reflejo pero mañana será el recuerdo de mi ausencia quien estará presente.
La vida amanece de los vientres hinchados como una explosión silenciosa, destruyendo en su silencio el vacio. Lo siguiente es la búsqueda por permanecer, por trascender, por llegar un poco mas allá de cualquier lugar.
Cuando la nada finalmente gana la batalla constante, esa misma vida se apaga como el eco de un sonido lejano, y es justo en ese breve instante donde comprendemos que lo que fuimos nos deja y ya no habrá espacio para un seremos; únicamente nos queda el tiempo para cubrirnos con la mortaja de las sombras.
Todo pasa, pero todo queda; no hemos escrito nuestras vidas sobre el frio mar como si fuera un lienzo temporal sino sobre los corazones de las mareas que van y vienen besando indiferentes mis orillas o las tuyas, da lo mismo, porque mi vida es la de todos y es en esa trinchera conjunta donde permaneceremos irreductibles y gloriosos, presos de una efímera eternidad. Comparto contigo mi dolor pero también mi alegría.
Fuí, soy, seré, en el fondo a quien le importa sino únicamente a mi, que soy el amo y el esclavo de mi destino, un empleado malpagado de su propia vida, un jugador de canchas callejeras, un indómito de escritorio, una posibilidad por concretarse; pero tu estás igual; fuiste, eres y serás, como si fueras un reflejo de mi sombra. Ya vez nos hermanamos al comienzo y al final de nuestro tiempo; pero en el medio cada uno es quien pretender ser, con sus alzas y sus bajas; pero no tengo prisa, por que a donde voy será donde tu también llegues.
Me desconecto.
Adeu…
