Ahí estaba yo, dando mis primeros pasos hacia esa masa de agua que me odia, con el traje ajustándome los cataplines y el valor hecho una mazamorra, pero como dicen “a lo hecho pecho” y ya no era momento de necedades ni volteretas, así que un paso mas y otro y a subirse en la tabla; cosa que de por sí resulta un tema; si alguien piensa que es sencillo mantenerse arriba de la misma, le digo desde ya que está en un error y me queda claro que nunca lo intentó.
El bendito armatoste ese tiene la estabilidad de un borracho necio, además de tener que tomar la postura tipo grulla invertida para tener la técnica adecuada, ahora me diran como es la postura esa, bueno se los trataré de describir, cabeza levantada, ojos mirando al frente, pecho semi levantado, el resto del tronco y parte de las piernas debidamente apoyados en el flotante y las canillas y pies juntos en el aire, como quien forma una especie de U larga, ahora súmenle a eso que la tabla se mueve y que las olas hacen todo lo posible para que uno se caiga a lo profundo; no señores, no es tema fácil, mis respetos a los prácticantes de este deporte; Sofi eres lo mas y benditos sean tus dones.
En fin, como comprenderán mi estadía en el mar se convirtió en una lucha constante contra las olas, contra la falta de equilibrio, contra la postura dolorosa, contra el agua que tragaba interminablemente y encima de eso todavía me pedían que intentara pararme en ese ridículo pedacito de espuma sintética en medio de un mar embravecido; yo lo único que quería era sobrevivir a la experiencia para poder postearla (lo que uno hace por un post).
Finalmente, el instructor me convenció para hacer lo que debía hacer, intentar pararme sobre la tabla en un agil, gracil y coordinado movimiento de cuerpo en donde actuando como un resorte extraordinario y explosivo debía lograr el equilibrio perfecto para mantenerme en una posición semi agachada con los brazos extendidos buscando el balance adecuado que me permitiera surcar las olas como un tritón hijo directo y predilecto de Poseidón; está demás decir que fracase miserablemente, que no mantuve ni el equilibrio ni el decoro, que caí y caí al mar en cada intento como si fuera una gigante marmota marina; pero claro a las 7 de la mañana el espectáculo no pudo ser apreciado por veraneante alguno.
Luego de largos, interminables minutos dentro del mar, de remar, saltar, girar, caer mi cuerpo estaba agotado, sencillamente adolorido en partes que desconocía que tenía, empecé a sentir ese cansancio ya conocido, similar al que hace que casi me ahoge en una piscina cuando fui invitado a jugar waterpolo (esto ya fue posteado), así que antes de hacer un roche mayor pedí concluir con la clase y empecé a pensar en como iba a hacer para salir del mar sin que las olas me destruyeran por completo, luego de una breve reflexión se lo pregunté a mi gurú, el cual sabiamente me respondió -sabes nadar-, -si, gurú-, -ya pues, listo-, con lo cual me dejó en la calle y asustado, era algo así como sálvese quien pueda y a rezar en el cadalso; pero la perspectiva de quedarse en ese mar embravecido era peor que intentar salir, así que de tripas corazón y a remar hacia afuera, por esas cosas del destino salí ileso, desde el punto de vista físico, pero emocianalmente si tuve algunas heridas, sobre todo en mi orgullo, pero esas sanan y finalmente se llevan por dentro.
Hoy, luego de intentarlo, me queda claro que no es un deporte hecho para mi, mis miedos y traumas son mayores que la alegría que me podría producir eventualmente; no obstante ello, quizás lo intente nuevamente, claro que en un mar mas calmado, para darme esa segunda oportunidad que creo que todos merecemos; pero por lo menos ahora puedo decir que lo intenté.
Eso si, mis respetos a todos aquellos que lo practican rutinariamente formando parte de su vida, tengo una nueva perspectiva del esfuerzo, compromiso y habilidad necesaria para llevarlo a cabo. Buenas olas a todos ustedes.
Me desconecto.
Adeu…